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Asociación Parroquial Santo Cristo de
San Pedro

Santísimo Cristo de San Pedro (Joya del Siglo XIV) venerado en la Iglesia Parroquial de Santa María La Mayor, (ya que la Iglesia de San Pedro, donde residía está cerrada al culto)
Celebra Solemne quinario en su Honor durante la Semana antes del Domingo de Pasión, siendo ese día cuando se realiza la Solemne Función Principal y el Solemne besapiés

EL CICLÓN

MEMORABLE DÍA 18 DE FEBRERO DE MIL OCHOCIENTOS NOVENTA Y DOS
POR EL CONFLICTO GRANDE QUE TUVO LUGAR EN ESTA CIUDAD DE SANLÚCAR LA MAYOR

En el expresado día

Experimentando esta Ciudad un fuerte temporal con lluvias torrenciales que tenía atemorizada a todos los habitantes de esta población entre ocho y nueve de la mañana del día 18 de Febrero de 1892, tuvo lugar un huracán que venía de poniente a levante con tal fuerza que arrasando los campos y tronchando los árboles en una franja de terreno de 150 metros de ancho aproximadamente, al llegar a la población por el lado de la parroquia de San Pedro, hallándose abierto el postigo de la puerta, penetró con tal fuerza que derribó el faccitor del coro, el melodium y trasladó al otro  extremo de la Iglesia las esteras. Éste acontecimiento inesperado para el Sacristán Don Manuel García González, que se hallaba en la misma, atemorizado acudió al Santo Cristo que se venera en dicha Iglesia para pedirle misericordia  y se apiadara de él en circunstancias tan aflictivas. Este viento arrasador  arrancó de la aguja de la torre muchos azulejos y algunos de ellos fueron trasladados más de cien metros de distancia, siguió el huracán por un lado de la Parroquia tronchando olivos y por el otro lado penetrando por la calle mercado; causó muchos destrozos en las casas, algunas de las cuales fueron tiradas al suelo, no resultando ni una sola desgracia personal a pesar de que muchas de las personas que en ellas habitaban se hallaban recogidas en el lecho. Siguió su marcha el viento fuertísimo del huracán que tenía consternados a los habitantes de esta Ciudad, atravesando el pueblo, llevándose tejados, destruyendo  paredes y causando perjuicios sin cuento. En estas circunstancias tristísimas los hijos de Sanlúcar, todos sin distinción dirigían sus súplicas al Santísimo Cristo de San Pedro como el único que podría salvar sus vidas; y sus súplicas fueron oídas por el Padre común, porque si hubo muchas ruinas, muchas perdidas materiales, no hubo desgracias personales. Demos pues gracias a Dios porque siempre nos mira con ojos de misericordia y agradecidos a tantos beneficios le tributaremos el culto que se merece y le prometemos el renovar nuestras costumbres para que nos conceda el Cielo.
La Parroquia de San Pedro en que se venera la imagen del Santísimo Cristo de tantos devotos  tiene y que todos acuden a él en circunstancias difíciles para encontrar el consuelo, quedó en mal estado, a pesar de ser obra sólida, y sin recursos por su extremada pobreza para hacer el correspondiente reparo. En esta situación deplorable, el Sr. Cura encargado de la misma, Don Juan Bautista Rodríguez y Sánchez, Pbro. Creyó oportuno el que se principiara la obra, prometiendo dar los que pudiera y confiado  en los muchos devotos del Santísimo Cristo que habían  de dar limosnas según sus facultades y sobre todo (confiado) en la persona de Don Eustaquio Álvarez, maestro encargado de la obra que habría de tomarse interés por la misma, y que habría que dirigirla Don Eustaquio Pacheco, que al ser llamado para este objeto, no sólo se ofreció a dirigirla, sino que también haría por su parte lo que pudiera. Teniendo confianza en la providencia, se dio principio a la obra de reparación el día 28 de junio de 1892 y terminó el 7 de Octubre del expresado año. Así que se le dio la obra una importancia que quedó el templo, torre y todas las afueras del mismo, perfectamente reparado sin que nada faltara de una manera admirable y maravillosa. Dentro del mismo año quedaron reparados en todo el pueblo la ruina y los desastres causados por el huracán debido a los esfuerzos de algunas personas que se tomaron interés para que los pobres que veían sus casas derruidas, las tuviesen  en mejor estado que antes; de verlas en ruina, sin tener que hacer gasto de ninguna clase.

En esta ciudad en  que sus habitantes siempre, en todos sus apuros y conflictos han acudido y acuden al Santo Cristo de San Pedro en este memorable día del huracán, los que en tales circunstancias se encontraron viendo hundidas sus casas, y en peligro sus vidas, de todo corazón  pidieron a Dios, les salvara de tal catástrofe y sus peticiones fueron oídas como acreditan los hechos: porque debido a su poder no hubo ni una sola desgracia personal en medio de tantas ruinas y desastres. Desde este día dieciocho de febrero de mil ochocientos noventa y dos, las personas que fueron testigos de tantas catástrofes como reconocidas al Santísimo Cristo de San Pedro por haberles librado sus vidas ofrecieron  decir en su altar una Misa cantada a los pocos días del acontecimiento y decirla en los años siguientes en el expresado día dieciocho en acción de gracias por los beneficios recibidos aplicándose también por las benditas almas  del purgatorio y especialmente por aquellos que fueron verdaderos devotos.